CHILE Y PERÚ DEBEMOS CUMPLIR DE BUENA FE SENTENCIA DE LA HAYA

Durante la sesión especial del Senado para tratar el fallo de la Corte Internacional de Justicia, la Senadora y ex Ministra de Relaciones Exteriores, Soledad Alvear, sostuvo que “ambos países, tanto Perú como Chile tenemos la obligación de acatar y cumplir de buena fe la sentencia dictada ayer”.

INTERVENCIÓN  DE LA SENADORA SOLEDAD ALVEAR EN LA SESIÓN ESPECIAL DEL SENADO QUE SE HA CONVOCADO PARA ANALIZAR LOS ALCANCES DE LA SENTENCIA EMITIDA POR LA CORTE INTERNACIONAL DE JUSTICIA EN EL CASO PERU V. CHILE

 

Sr Presidente,

I.- Introducción

Ayer hemos conocido la sentencia de la Corte Internacional de Justicia en el caso iniciado por la demanda del Perú referida a los límites marítimos entre nuestros dos países.

Se trata de la primera vez que dicha Corte como tal emite una sentencia respecto de nuestro país y constituye un momento histórico.

Son estos momentos en los que no puede haber espacio para las ambigüedades o los cálculos de corto plazo. Hablamos para la historia y acudimos a los principios.

Chile es un país respetuoso del derecho internacional. Nuestras fronteras, a través de la historia, se han establecido mediante tratados o laudos arbitrales y nuestro faro de guía en esta materia siempre ha sido siempre  el invariable respeto derecho internacional y la observancia de nuestras obligaciones internacionales. Una de dichas obligaciones, por cierto, comprende el cumplimiento de las sentencias de los tribunales internacionales a cuya jurisdicción estamos sometidos.

Por lo tanto, lo primero que debemos afirmar es que ambos países, tanto Perú como Chile tenemos la obligación de acatar y cumplir de buena fe la sentencia dictada ayer. Sobre ello no puede haber lugar a la más mínima duda y lo afirmamos en los términos más explícitos posibles.

Recordemos que al Tribunal de La Haya llegamos no porque nosotros lo hayamos querido. Para Chile los límites marítimos con el Perú constituían un asunto resuelto ya hace varias décadas por los tratados de 1952 y 1954, frontera marítima, a su vez, materializada por los actos y actas de 1968 y 1969. Si llegamos a La Haya lo fue mediante la demanda unilateral del Perú, posibilidad admitida en el Pacto de Bogotá, tratado en el cual ambos países somos parte hace varias décadas. Recordemos que la adhesión de nuestro país a dicho Pacto de Bogotá fue un proceso en que intervinieron diversos Gobiernos del más variado signo. Lo firmó el Presidente González Videla en 1948, el Presidente Ibáñez lo envió  para su aprobación al Congreso en 1954, la que se logró durante el Gobierno del Presidente Frei Montalva, quien lo ratificó y finalmente luego del Golpe de Estado de 1973, la Junta Militar dispuso que se  depositara el instrumento de ratificación en abril de 1974, por lo que a partir de entonces somos parte de dicho Pacto.

Más de alguien ha dicho que nosotros no debimos comparecer ante la Corte. Ello era absolutamente imposible, ya que si nos hubiéremos restado de acudir al proceso, ello sólo habría redundado en nuestra contra debido a que el caso habría seguido adelante en rebeldía del Estado chileno, la Corte no habría escuchado nuestros argumentos e igual se habría dictado sentencia.

Además dadas las características del caso tampoco resultaba conveniente presentar una excepción de incompetencia de la Corte por las siguientes razones:

Una porque la cláusula que habría que haber invocado para fundar la incompetencia de la Corte alude a asuntos que se hallen regidos por acuerdos o tratados en vigencia a la fecha de celebración de dicho Pacto, esto es, al 30 de abril de 1948 y los tratados que Chile invocaba en su favor son los de 1952 y 1954.

Y dos, porque de acuerdo al Reglamento de la Corte ella puede rechazar la incompetencia si esta excepción no tiene un carácter exclusivamente preliminar, y la defensa de Chile sosteniendo que el asunto está resulto por tratados está completamente ligado al fondo de esta controversia, por lo que era del todo previsible que la Corte rechazara la excepción de incompetencia propinándole un golpe a la posición de Chile.

Por último tampoco Chile podía retirarse del Pacto de Bogotá, respecto del cual tanto gobiernos precedentes estuvieron involucrados en su adhesión como una manifestación del principio de solución pacifica de las controversias, puesto que el propio Pacto de Bogotá contempla una cláusula de denuncia según la cual una vez notificada, ésta se hace efectiva a un año plazo. Por lo tanto, si Chile hubiera denunciado el Pacto de Bogotá lo único que habría conseguido era precipitar la demanda peruana. Esto, además, no es sólo teoría, ya que como hemos observado la denuncia colombiana del Pacto de Bogotá se ha traducido en diversas nuevas demandas nicaragüenses contra ese país, antes del vencimiento del plazo.

En consecuencia, lo único posible para Chile era defender sus sólidos argumentos ante la Corte Internacional de Justicia y en ello no hubo dos valoraciones en el país en estimar que nuestra defensa fue brillante y la mejor que pudimos tener.

 

 

II.- Evaluación del contenido de la sentencia

Pasemos ahora a examinar el contenido de la sentencia que conocimos ayer.

Claramente dicha sentencia ofrece resultados mixtos.

En primer lugar analizaremos los aspectos positivos:

Primero: la sentencia reconoce la existencia de una frontera marítima entre Chile y Perú.

Segundo: La Corte reconoce que se trata de una frontera de todo propósito. No sólo limitada a efectos pesqueros como sostenía Perú.

Tercero: La Corte reconoce que esa frontera está consagrada en el Convenio de Lima de 1954 sobre Zona Especial Fronteriza Marítima.

Cuarto: La Corte reconoce que esa frontera se extiende a partir de la intersección del paralelo de latitud que atraviesa el hito fronterizo número 1 con la línea de bajamar, descartando de paso de existencia de un presunto “punto concordia” o “punto 266” situado al sur oeste el Hito número 1.

 

El principal aspecto negativo del fallo para Chile dice relación con la extensión del paralelo del límite marítimo. A diferencia de lo sostenido por nuestro país en el sentido que el paralelo que constituye el límite marítimo entre nuestros dos países se extiende hasta las 200 millas marinas, posición que fue apoyada por el propio Presidente de la Corte Peter Tomka y otros distinguidos magistrados de ese tribunal la Corte en una votación dividida de 10 votos contra 6 decidió que la extensión del paralelo sólo alcanzaba hasta las 80 millas marinas. Por lo tanto a partir de dicha milla 800 la Corte debía trazar una línea equidistante. No creemos que existan fundamentos jurídicos internacionales suficientes para limitar la extensión del paralelo en la milla 80, por lo que lamentamos esta decisión de la Corte.

Ahora bien, valorando los aspectos negativos y positivos del fallo podemos concluir lo siguiente:

1) Chile preserva la integridad de su mar territorial y zona contigua.

2) Chile no ve alterado los intereses de su pesca y actividad económica en la zona marítima en que ésta se desarrolla.
3) Chile mantiene sobre la porción de mar entregado al Perú todos los derechos de navegación y sobre vuelo que confiere el Derecho Internacional en la Zona Económica Exclusiva hoy atribuida por la Corte al Perú.

4) En síntesis, se trata de una zona de controversia de 69 mil km2 aproximados. De ella Perú demandó 38 mil Km2 y obtuvo 22 mil km2 de las zonas marítimas que pertenecían a Chile

5) Fuera quedaron las primeras millas, zona que concentra la parte relevante de los recursos marítimos tal cual lo describe minuciosa y detalladamente la Corte en su sentencia, lo que no acontece luego de la milla 80.

III.- Implementación.

 

A partir de ahora nuestros dos países deben abocarse la implementación de la sentencia, que debe ser un proceso recíproco, conducido de buena fe y en  que en ningún caso será automático, ya que requerirá de la preparación de cartografías, medición de puntos y modificación de la normativa interna de cada Estado.

Para ello se deberán constituir Comisiones Mixtas compuestas por delegaciones de ambos países ya que la sentencia tendrá incidencia en materias como las líneas de bases, las áreas marítimas, el espacio aéreo y la naturaleza de los derechos que se ejercen en la zona marítima atribuida a Perú como Zona Económica Exclusiva y no como dominio marítimo.

Además las partes deberán determinar las coordenadas de la línea equidistante que trazó la Corte a partir de la milla 80.

En conjunto con el proceso de implementación de de buena fe de la sentencia creemos que Perú debe asumir un compromiso internacional, declarando oficialmente  que, una vez resuelto este asunto, no existe materia alguna de delimitación de espacios geográficos pendiente entre nuestros dos países. Ya en el pasado oímos a autoridades de nuestro vecino país señalar que con la firma de determinados acuerdos se concluían todos los asuntos pendientes entre nuestros dos países y luego apareció esta demanda del Perú. Por lo tanto el compromiso en este caso debe ser completamente explícito y capaz de generar de efectos jurídicos.

 

IV. Comentarios finales

 

Sr Presidente,

 

Después del fallo estrenamos una nueva etapa que partirá con la implementación gradual a la que ya hemos aludido, la que deberá contar con los mejores esfuerzos de las Partes, a través de mecanismos compartidos, públicos, eficaces y colaborativos.

Esta es la primera oportunidad para un nuevo ciclo en nuestra relación bilateral, que haga de la implementación una virtud de medios, hacia nuevos fines de integración y cooperación.
En ese esfuerzo somos todos partes responsables y debemos procurarlo desde hoy: para esto no hay cambios de Gobierno, no hay Oficialismo y Oposición.

También es un llamado para reflexionar cualitativamente sobre el estado de nuestras relaciones vecinales, cuidándolas, contextualizándolas y prospectándolas en un nuevo eje de Política Exterior que la Diplomacia debe adelantar con estrategia y sentido de país.
Finalmente no podemos sino felicitar lo que fue el equipo de la Defensa Jurídica de Chile. Más allá de los años, los Gobiernos y las procedencias, cuando hacemos política exterior, honramos la Republica y el Estado, y el trabajo efectuado desde los años 2.000 a la fecha vuelve a mostrarnos una prueba irrefutable de aquello.

Muchas Gracias.

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